Budismo: La vía para afrontar el sufrimiento

La doctrina de Buda nos revela, de entre las “cuatro nobles verdades”, una terrible realidad: la vida es sufrimiento. Todos los seres vivos, incluidos los dioses si estos existiesen, estamos encadenados al eterno retorno de un mundo perecedero y en continua transformación, obligados a volver a la materia, a la existencia mundana, a revivir todo aquello que nos hizo sufrir a lo largo de los años una y otra vez. Pero, ¿Qué puede hacer el ser humano ante este panorama tan desolador?.

Si nos remontamos a la etapa pre-homérica podemos apreciar que los griegos vivían en una permanente lucha, entre ellos reinaba la discordia, los enfrentamientos, el engaño y la envidia como motor de superación, usando su voluntad de poder como guía. El hombre griego sentía la necesidad de dejar correr toda su ira, esa indomable pasión por la lucha. Sin embargo, los griegos, en lugar de calumniar sus pasiones, consiguieron ver más allá y encontrar en ellas algo divino donde se revelaba la verdadera potencia del hombre, y así, aceptaron todo lo que hay en el mundo natural, tanto bueno como malo, para realizar con ello algo armonioso. Consiguieron construir así a un ideal eterno, que llegó a su punto más álgido durante la etapa de la tragedia griega, ya que en ella consiguieron conciliar perfectamente los valores de Dioniso como son lo caótico, la pasión o el espíritu de colectividad, con los valores que caracterizan a Apolo como la mesura y el conocimiento de uno mismo. Y así, en esta época el mundo adquirió pleno sentido y el sufrimiento que vivían día tras día pasó a ser una garantía de una vida mucho más fuerte.

El Buda Histórico, el Iluminado por antonomasia, al contrario de las corrientes religiosas occidentales que pretenden apaciguar nuestra alma y mente afirmando la existencia de un mundo metafísico, maravilloso e idílico que nos aguarda tras “la caída del gran telón”, para sobrellevar el sufrimiento que conlleva habitar en este mundo perecedero y cambiante; propone una nueva filosofía de vida, otra forma de ver el mundo a través de la superación de ese dolor, yendo más allá de él, aceptando que forma parte de nuestra realidad y que no hay escapatoria alguna de él, para así poder liberar nuestro cuerpo y mente, y que podamos fluir sin impedimentos junto con el mundo que nos rodea, al igual que hicieron los griegos.

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