Ho Kyun: La historia de Hong Gildong

Se dice de ‘La Historia de Hong Gildong’ que fue la primera novela coreana escrita en la lengua autóctona, es decir, en hangul, con ese alfabeto que consiguió liberar a Corea de las ataduras de los enrevesados caracteres del gran gigante asiático, puesto que aparentemente fue concebida entre finales del siglo XVI y la primera década del XVII, en esa época en la que las clases subalternas coreanas comenzaron a demandar el canon narrativo. En ella se narra la historia de Hong Gildong, un personaje que con el paso del tiempo se ha acabado convirtiendo en una especie de “héroe nacional legendario” en la península coreana, puesto que su historia ha sido una de las claves fundamentales para conseguir levantar ese espíritu nacional que los coreanos, tanto del Norte como del Sur, habían perdido tras todos esos años marcados por la guerra, el dolor, y la completa supresión de todos aquellos valores que configuraban su identidad cultural.

Y es que se puede interpretar que la novela es una alegoría nacional, compuesta a base de una extraña mezcla entre nacionalismo y marxismo y la idea de intentar representar la ardiente y persistente lucha del pueblo coreano por la justicia a lo largo de la historia a través de un personaje que, a pesar de que nace de un encuentro casual entre un noble y una concubina, a pesar de que queda marcado de por vida por el humilde destino y no se le permitirá perseguir sus ambiciones por ser un hijo ilegítimo, lo cual le generará a su vez un profundo complejo de inferioridad, como posee todas las características de un héroe, de un hombre elevado y virtuoso, y cuenta con la “bendición de el Cielo”, consigue ir más allá de todas las barreras y acaba convirtiéndose no sólo en el líder rebelde de una banda de forajidos que toman de los ricos y castigan a los funcionarios corruptos, sino también en el grandioso rey de un reino utópico. Y es que la nación coreana, al igual que Hong Gildong, a pesar de haber nacido bajo una estrella adversa y de haber tenido que sufrir todo tipo de calamidades, ha conseguido, gracias a su coraje y capacidad de sacrificio, mostrar al mundo esa grandeza que albergaba en su interior y convertirse en una de las grandes potencias económicas a nivel mundial. Aunque siguiendo con esta línea argumental, cabe decir que también se podría desarrollar la idea de que Hong Gildong es en realidad configurado como un héroe comunista, como un héroe de origen mundano, defensor y vengador de la clase media-baja; y de ahí que Corea del Norte haya querido apropiarse de la historia de este particular personaje.

Sin embargo, por otro lado, si vamos más allá de las palabras del autor, si le damos la vuelta a aquello que dice, se podría pensar que es una novela repleta de ironía, y que el autor aprovechó el hecho de que el coreano vernáculo fuera menospreciado por las élites, para abarcar una “visión no oficial de la realidad”, esa visión alternativa, disidente a la que la propaganda de las clases altas difundía y hacer de esta novela una obra transgresora con respecto a la ideología confuciana que tan arraigada estaba en la Corea de aquellos tiempos. Puesto que se podría interpretar que el autor ha recogido y aplicado esos valores confucianos a una sociedad ficticia para lanzar una crítica mordaz al mundo que le rodeaba, es decir, posiblemente el autor aprovechó la oportunidad de poder refugiarse en un mundo imaginario para poder decir todo aquello que posiblemente no podía decir en voz alta, y revelar de forma indirecta, a través de esa ficción, que la sociedad de aquella época era, en el fondo, todo lo contrario a lo que el ideal confuciano predicaba. Y es que según perfila el autor a los personajes se puede apreciar claramente cómo la sociedad coreana, especialmente el sector más acomodado del país, era una sociedad decadente y superficial, sumida en la hipocresía y la corrupción, en la que las pulsiones más bajas y salvajes dominaban el corazón de aquellos que la componían, y en la que la falta de compasión hacia el otro, no sólo hacia los marginados, sino también hacia sus más allegados, era más que evidente.

Y si seguimos con esta última línea de pensamiento, considero que se podría decir que el desenlace de la novela hace alusión a la idea de que es absolutamente imposible que la sociedad coreana consiga deshacerse de todas sus impurezas puesto que, al contrario de lo que predicaba Confucio, a pesar de que el país estuviese dirigido por un hombre que, siguiendo el ejemplo de los primeros soberanos Yao y Shun, fuera excepcionalmente virtuoso y supiese administrar el reino con justicia y equidad, y cuyo comportamiento estuviese guiado por los cinco pilares fundamentales (la humanidad, la rectitud, los ritos, la sabiduría y la honestidad), sería imposible conseguir establecer una armonía pura y permanente en él, pues eso es algo que, en realidad, sólo podría ocurrir en un mundo ficticio, ya que es un pensamiento demasiado idealista. Por ello creo que Hong Gildong decide no quedarse en Corea e irse a otro lugar, a una especie de mundo paralelo en el que, “a modo de opuesto complementario”, todo aquello que Corea nunca podrá ser, pues está poblada por seres humanos de carne y hueso, por seres impredecibles y en constante cambio, se materialice.

Por último, cabe comentar que, a pesar de que la novela lanza una clara crítica al Budismo a través de la figura de los monjes, termina afirmando la base fundamental de esa corriente de pensamiento: “la vida es sufrimiento”. Y es que el protagonista a pesar de que consigue todo lo que deseaba, a pesar de que llega a tener todo aquello que creía que su alma anhelaba, el sufrimiento acaba volviendo a él en forma de hastío, a raíz de la monotonía en la que, inevitablemente, se acaba sumergiendo una vez logra alcanzar aquel punto que consideraba como el culminante. Y es que el deseo, ese inconformismo que domina al ser humano desde que llega al mundo, encadena a este de por vida en un ciclo sin fin en el que la alegría es algo efímero, una especie de estrella fugaz, y el sufrimiento una constante, un sentimiento que siempre está a flor de piel, y que puede aflorar en el momento más inesperado.

Considero pues que, a pesar de que el objetivo de esta obra no sea del todo claro, es recomendable para cualquier lector occidental interesado en este mundo de contrastes, puesto que, tanto si decidimos decantarnos por la primera teoría, como si decidimos optar por seguir la segunda línea argumental, la novela proporciona al lector las ideas fundamentales para conseguir comprender mejor la cultura y cosmovisión de la sociedad coreana, tanto tradicional como moderna.

 

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