ESCULTURA BUDISTA COREANA: La calidez de la materia

El budismo penetró la península coreana por el norte en el S.IV, durante el periodo de los Tres Reinos, y a partir de ahí se fue extendiendo rápidamente por el resto de la península, siendo el reino de Silla el último en entrar en contacto e integrar esta nueva corriente religiosa. Esto fue así posiblemente gracias a las preexistentes prácticas chamánicas y el carácter eminentemente pragmático de los coreanos, y a que pensaron que el budismo les podía aportar “beneficios para esta vida”, tales como protección “mágica” y “milagros” tanto para el Estado como para el pueblo; lo cual acabó provocando que el budismo acabase estando muy vinculado a las élites y su poder, y que surgiera la necesidad de crear esculturas de pequeño tamaño para fomentar y expandir el culto religioso budista entre la población. 

Las esculturas que se comenzaron a crear en aquella época llegaron a su punto más álgido durante el periodo de Silla Unificado, etapa en la que se estableció además el budismo como religión oficial, y fueron el resultado de la adaptación de la herencia iconográfica y estilística de India, cuna del budismo, a los gustos e idiosincracia de los coreanos, y se caracterizaban por su naturalidad y habilidad para transmitir calidez y sensualidad a través de la dureza y solidez de la materia con la que eran creadas. Esto fue así debido a que los artistas otorgaban a sus obras rostros redondeados, de expresión amable y ensoñadora y cuerpos proporcionados de suaves curvas.

Dentro de la escultura budista encontramos dos tipologías fundamentales de seres iluminados: los buddhas, seres iluminados que llegaron al Nirvana y se deshicieron de las cadenas del mundo, y los bodhisattvas, seres iluminados que, al igual que los buddhas, llegaron al Nirvana pero que decidieron volver por compasión hacía aquellos que aún no han conseguido llegar a la Iluminación. A los primeros se les suele representar con una indumentaria simple, austera, propia de un monje indio y con un cráneo protuberante, simbolizando así su gran sabiduría, y entre sus rasgos iconográficos más importantes estarían los gestos de manos o mudras. A los segundos, en cambio, se les suele representar con una postura relejada y como si fueran príncipes, con un atuendo lujoso, joyas y una corona.

La más celebre aportación coreana a la escultura budista mundial, posiblemente sea los mireuk bosal (미륵보살) o  “bodhisattvas pensativos o contemplativos”. Dos estatuas de dimensiones parecidas realizadas en bronce dorado que representan, aparentemente, al bodhisattva o “buda del futuro”, Maitreya, con una actitud contemplativa y la famosa “sonrisa Baekje”, una sonrisa suave que inspira benevolencia, calidez y generosidad hacia el devoto. Ambas están consideradas como unas de la mayores aportaciones coreanas al arte budista mundial, debido al gran dominio de la sofisticada técnica del fundido en bronce a la cera perdida que presentan, y su gran refinamiento estilístico, pues presentan un modelado preciso, con unas líneas delicadas y elegantes. La diferencias más notorias entres las dos estatuas son que uno lleva una corona sencilla en forma de flor de loto y presenta elementos estilísticos indios, mientras que el otro lleva una corona mucho más compleja con una triple representación del sol y la luna y presenta muchos elementos estilísticos chinos. 

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mireuk bosal con corona de flor loto

A parte de esculturas en bronce dorado, como la del mireuk bosal, también se hicieron esculturas de tamaño medio/monumental excavadas en las montañas, en la superficie de la roca, como la “triada de Baekje” y otras talladas en granito durante el periodo de Silla Unificado gracias a la fuerte alianza que se acabó produciendo entre el budismo y el Estado, como, por ejemplo, el Buddha de la cueva de Seokguram, sin embargo, estas son mucho más simples y tienen muchos menos detalles de expresión, pues el granito es un material muy duro y difícil de trabajar.

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buddha de Seokguram

La cueva de Seokguram es una pequeña cueva realizada enteramente por la mano del hombre durante el periodo de Silla Unificado que contiene una imponente y elegante estatua de, aparentemente, el Buddha Histórico durante el momento de su Iluminación, construida con bloques de granito y orientada hacia el este, el mar de Japón, a fin de que ofreciera protección contra las invasiones marítimas del imperio nipón. El conjunto consta de una antecámara rectangular, en cuyas paredes hay 8 representaciones en relieve de seres de la mitología india flanqueando la entrada interior; un pequeño pasillo con representaciones de 4 reyes celestiales; y una cámara interior de tipo circular y techo abovedado que alberga la estatua del Buddha sentado con las piernas cruzadas sobre un pedestal en forma de flor de loto, rodeado por representaciones de bodhisattvas y 10 discípulos de Buddha. El pedestal sobre el que se eleva la estatua esta algo desplazado hacia el fondo de la sala con el fin de crear la ilusión óptica de que la aureola de la pared está sobre la cabeza del Buddha. La antecámara y el pasillo representaban la Tierra mientras que la cámara interior representaba el Cielo. 

Tras el periodo de Silla Unificado, durante la dinastía Goryeo se siguieron construyendo  esculturas monumentales pero no hubieron grandes innovaciones, y durante la dinastía Joseon, a raíz de la llegada del confucianismo, todo aquello relacionado con el budismo fue relegado a un segundo plano.

 

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