Joint Security Area: ¿Es posible resintonizar dos mundos antagónicos?

Park Chan-wook (박찬욱) es un aclamado director de cine surcoreano que lleva ya aproximadamente dos décadas en el gran negocio del séptimo arte, durante las cuales ha sacado a relucir más de una veintena de películas en las que se refleja perfectamente su maestría a la hora de combinar múltiples géneros e influencias. Inició su carrera cinematográfica en 1988 como ayudante del director Kwak Jae-yong (곽재용) en la película A Sketch of a Rainy Day, pero no sería hasta 1992 cuando escribiría y dirigiría su primera película, The Moon Is… the Sun’s Dream (달은… 해가꾸는꿈). En 1997, sacó a la luz Trio (삼인조) y, dos años después, presentó Judgement (심판), un cortometraje que, según los expertos en la materia, podría considerarse como un trabajo paradigmático de sus constantes formales y temáticas. Sin embargo, en el 2000, con el estreno de Joint Security Area o J.S.A. (공동경비구역), fue cuando realmente se alzó como un gran cineasta, gracias a la repercusión que ésta tuvo en Corea del Sur; lo cual no es de extrañar pues con una película que narra un conflicto surgido en la frontera de seguridad entre las dos Coreas a raíz de que un oficial norcoreano descubre que cuatro soldados, dos de cada bando, habían entablado una gran relación de amistad y estaban saltándose las restricciones de seguridad para poder pasar tiempo juntos, el morbo estaba ya de por sí servido. Aunque, cabe decir que, a pesar del escenario que se plantea en pantalla, se puede apreciar que Park, en lugar de crear una obra de carácter político, como podría parecer en una primera instancia, intentó encaminar el guion hacía una especie de thriller militar con ciertos toques de humor negro y su característica originalidad estética, en este caso enmarcada por la inusual introducción de numerosos travellings y flashbacks a lo largo de todo el filme. Sin embargo, sí que se atrevió a plasmar el absurdo recelo que existe entre el Norte y el Sur, así como a lanzar una crítica visión acerca del papel mediador de las Naciones Unidas. Y es que a lo largo de la película el director muestra que a pesar de las diferencias ideológicas que existen en ambos bandos, la mayoría de ellos, tanto surcoreanos como norcoreanos, son meras “víctimas de sus circunstancias”, pues ninguno de ellos deseaba encontrarse en la situación en la que se habían visto envueltos por culpa de aquel absurdo conflicto bélico de los 50, y que en el fondo, a pesar de que no lo puedan expresar en voz alta debido a la tensión que sigue latente entre ambos territorios a nivel político, desean que esa reunificación de la península se haga realidad, pues no comprenden por qué después de haber compartido una larga trayectoria histórica juntos, no pueden ni siquiera cruzar al otro lado del paralelo para ver a sus amigos y familiares. 

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Pero para que ello sea posible, tal y como podemos observar a través del filme, aquellos que tienen que tomar la iniciativa son los propios coreanos, pues la intervención de actores secundarios, como los Estados Unidos, no harían más que entorpecer y relentizar dicho proceso, pues seguramente antepondrían sus intereses personales por encima de los de la nación coreana. Por otro lado, también sería necesario que Corea del Norte dejara a un lado su sistema de planificación central así como las pruebas nucleares y redujera significativamente la gran brecha, tanto económica, tecnológica como cultural, que se puede deducir que se fue generando entre ella y Corea del Sur, desde la división de la península y la consecuente intervención de los EE.UU. en la parte sur de ésta, a través de escenas como la del mechero y los famosos chocopies surcoreanos. Y es que si esa reunificación se produjera bajo las circunstancias actuales, las consecuencias podrían llegar a ser incluso más catastróficas que las que se produjeron tras la reunificación alemana, pues se podría llegar a producir el colapso del régimen norcoreano tras la desintegración de su ejército, lo cual requeriría que la fuerza militar del Sur tomase posición en el norte de la península y, eventualmente, ésta acabaría, inevitablemente, absorbiendo dicha parte, lo cual, además, podría acabar dando pie a una “segunda guerra coreana” o a una indeseada y forzosa intervención por parte de otras potencias mundiales o regionales. Por ello, si desean conseguir una pacífica y sólida unión, deberían dejar de lado esos absurdos recelos e impulsar la cooperación y la interdependencia económica, fomentando las relaciones e intercambios entre ambas partes de la península a través de eventos de cooperación sociocultural, planificando un sistema de transporte peninsular multimodal así como programas conjuntos de investigación y desarrollo, etc, a fin de que conseguir que Corea del Norte pueda desarrollarse y aportar algo al Sur y no sea necesario que una de las partes anexione a la otra y tome el control absoluto de esta, pues de lo que se trata es de conseguir el equilibrio y la armonía entre las dos Coreas para que puedan volver a coexistir al igual que lo hacían en tiempos pasados.

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