Socialismo en Corea: Desde la época colonial hasta el final de la Segunda Guerra Mundial

Movimiento de Independencia de Corea (1 de marzo de 1919)

El Movimiento del 1 de Marzo (1919), a pesar de que fue duramente reprimido por el imperio japonés, consiguió no sólo mostrar la imposibilidad de someter al pueblo coreano a través de un gobierno militar violento y represivo, sino que además evidenció la necesidad de un cambio drástico de la política que había sido llevada acabo en la península durante los diez primeros años de ocupación. Por lo que, a mediados del 19, el gobierno lanzó la conocida como “política cultural”, la cual conllevó una serie de reformas administrativas que pretendían reducir las diferencias existentes entre la población coreana y japonesa, a la vez que se ofrecía cierta libertad de prensa, asociación y opinión a los coreanos. Esta aparente libertad que se le brindó a la población coreana acabó propiciando que, durante los años 20, emergieran con especial intensidad tanto movimientos nacionalistas como socialistas en la península. 

Los representantes del movimiento socialista, por su parte, entendían que bajo las circustancias en las que se encontraban, el minjok (민족, “la nación coreana”) debía ser el núcleo principal de la lucha contra el imperio japonés, por lo que no trazaron una clara línea divisoria entre los dos movimientos, y se sentían propensos hacia esta nueva forma de pensamiento, sobre todo a la línea de pensamiento del filósofo alemán Karl Marx, debido a su atractivo como “vehículo en su lucha anticolonial e ideología de liberación nacional”. Y es que ellos consideraban que “el nacionalismo era el origen del socialismo, y el socialismo era la corriente principal del nacionalismo”, es decir, que ambos conceptos estaban inevitablemente interrelacionados y que, por tanto, la única ideología que podría lograr llevar a la nación coreana hacia la tan deseada independencia era el socialismo. Cabe comentar además que, a pesar de que el movimiento socialista en la península había sido altamente influenciado por países como Rusia y China, estuvo constituido, durante aquella época, sobre todo por estudiantes que, como Shin Nam-choel (신남철) y Pak Chi-u (박치우), habían sido influenciados por las teorías marxistas durante su estancia en el país del sol naciente, donde la recesión económica tras la Primera Guerra Mundial había propiciado la movilización del proletariado; lo cual demuestra que el socialismo fue adoptado, efectivamente, como una herramienta, como un medio para alcanzar la liberación y mediante el cual poder resolver las marcadas contradicciones que comenzaron a crearse en la península desde la llegada del confucianismo.

Y es que, a pesar de que los distintos reinos que formaban la península coreana se mantuvieron unificados desde el periodo de Silla Unificado, se siguió manteniendo una estricta estratificación de la sociedad, lo cual impedía poder concebir a la sociedad coreana como una nación propiamente dicha, pues a raíz de ello se crearon dentro del país dos mundos claramente diferenciados: el mundo de los letrados, de los gobernantes, de la gente con un alto poder adquisitivo, y el de los obreros y campesinos, el de aquellos que disponían de escasos recursos; siendo éste primero aquel que manejaba los hilos. Y además, a raíz sobre todo de la llegada del confucianismo a la península, la mujer fue relegada a un segundo plano, tanto en el ámbito público como en el privado, pues según ésta nueva corriente de pensamiento, las mujeres eran la parte oscura, débil y perversa de los “opuestos complementarios”, mientras que los hombres eran la parte brillante y fuerte de éstos, por lo que, consecuentemente, las mujeres debían someterse y vivir en las sombras bajo la atenta mirada de los hombres.

Por otro lado, en el 1923, se emprendió una iniciativa con la intención de recaudar fondos para poder establecer la primera universidad coreana y combatir el problema del analfabetismo en la península, y se propuso la idea de apostar por la autosuficiencia y el consumo exclusivo de bienes producidos en Corea, con el objetivo de exaltar aún más la unidad nacional, estimular el desarrollo de la industria coreana y boicotear los productos de origen japonés.

Todo ello, además, se vio reforzado gracias a la publicación de periódicos y revistas escritas en hangul (한글), con el sistema de escritura vernáculo, el cual había sido repudiado hasta entonces por los intelectuales del país. Los dos grandes periódicos de la época, el Donga Ilbo (동아 일보) y el Joseon Ilbo (조선 일보), fueron usados como libros de texto para reeducar a las masas tanto a nivel moral como espiritual, y ayudaron a restablecer el debate nacionalista durante las dos décadas siguientes al Movimiento del 1 de Marzo, atrayendo a los intelectuales más importantes que hicieron las veces de editores y reporteros. 

Sin embargo, con el establecimiento del “estado títere” de Manchukuo, el imperio japonés, siendo consciente de la localización geoestratégica de la península coreana, decidió comenzar a asentar las bases para acelerar y radicalizar esas políticas de asimilación que llevaban presentes en la península desde la anexión. Por lo que desde la década de los 30 se comenzaron a eliminar todos aquellos artículos que se salieran del discurso pro-japonés, las asociaciones de trabajadores y campesinos de carácter marcadamente socialista fueron reprimidas severamente, e incluso se intentó construir una narrativa que reflejara la unión racial, cultural e histórica entre el pueblo coreano y el japonés (naisen ittai). Y es que la penetración japonesa en Manchuria había dado lugar a un nuevo contexto en el que el imperio necesitaba que la península tomara un rol más activo, en el cual ese supuesto respeto por la libertad cultural e intelectual de los coreanos, por aquello que los configuraba como “un otro en oposición de Japón”, no tenía cabida alguna, por lo que debía ser complemente erradicado. Esto provocó que la situación peninsular se hiciera completamente insostenible, hasta que el 15 de agosto de 1945, Japón se vió obligado, tras los bombardeos de Nagasaki y Hiroshima por parte de Estados Unidos, a poner fin a sus años de dominio.

En conclusión, se podría decir que el socialismo en Corea durante aquella época acabó tomando una vertiente completamente distinta a la de los países que provocaron que llegara esta nueva ideología a la península a raíz de la necesidad que sentía el pueblo coreano, sobre todo aquellos pertenecientes a la clase proletaria, de unificar a todos “los descendientes de Dangun (단군)” para dar un cambio al orden establecido, para romper con esa marcada estratificación social y reestructurar el país en base a nuevos principios éticos que les permitiera poder gozar de aquella libertad que les había sido arrebatada tanto por la élite del país, como por las grandes potencias externas de la época.

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