NA HYE-SEOK, GYEONG-HEE Y LOS INICIOS DEL FEMINISMO EN COREA

Na Hye-seok (나혜석), conocida también como Jeong-wol (정월), fue una poeta, escritora, pintora y activista feminista coreana nacida en 1896 en el seno de una familia adinerada de Suwon, en la provincia de Gyeonggi. Tuvo la suerte de poder formarse en un colegio para mujeres de Seúl, donde destacó por su gran habilidad artística e inteligencia. En 1913, una vez se graduó, su hermano mayor la animó a continuar sus estudios en Japón. Allí aprendió a pintar al óleo al estilo occidental, y la influencia del movimiento feminista japonés, liderado por el grupo Seito, la llevó a escribir su primer ensayo con tan sólo dieciocho años, titulado La mujer ideal, en el que criticaba la concepción tradicional de la mujer coreana. Durante su etapa universitaria se convirtió en la secretaria de la Asociación de Alumnas Coreanas en Japón y desempeñó un papel fundamental en la publicación de su primera revista, El mundo de la mujer, en la que acabaría publicando, en 1918, su primera historia corta, titulada Gyeong-hee (경희), la cual es considerada a día de hoy como su obra maestra, ya que en ella no solo desafía las realidades opresivas y las nociones erróneas sobre las mujeres coreanas, tanto modernas como tradicionales, sino que además ofrece nuevos puntos de vista sobre la identidad y el significado de la vida de dichas mujeres.

Gyeong-hee se sitúa temporalmente en una época en la que Corea, a pesar de que estaba ocupada por el imperio japonés (1910-1945), estaba aún altamente influenciada por el modelo de pensamiento confuciano. Consecuentemente, durante aquellos años los dos roles principales de las mujeres eran: engendrar progenie, a ser posible masculina, ya que las hijas una vez casadas pasaban a formar parte de la familia de su marido; y mantener la paz y la armonía en la familia, la cual era considerada como el núcleo fundamental de la sociedad, a través de la lealtad y la obediencia. También se esperaba que las mujeres fueran obedientes a los hombres “en los tres niveles”: hija, esposa y madre. Es decir, las mujeres solteras debían dedicarse a sus padres, las mujeres casadas debían servir a sus maridos, mientras que las viudas debían dedicarse a sus hijos. De esta forma, los hombres ejercían control sobre las mujeres en todas las diferentes etapas de sus vidas. Sin embargo, este sistema social acabo siendo inevitablemente desafiado gracias a la aceleración del crecimiento del cristianismo que se produjo durante aquellos años y a la llegada del “pensamiento occidental moderno” a la península.

Y es que el movimiento cristiano no solo trajo nuevos ideales, sino que además abrió el sendero hacia una vida mejor para muchas mujeres coreanas. Los misioneros contribuyeron en la universalización y el crecimiento de la educación en Corea, y además enseñaron a las mujeres que son exactamente iguales a los hombres, ya que todos los seres humanos fuimos creados “a la imagen y semejanza de Dios.” Esto ayudó a aflojar la larga cadena de creencias confucianas que había estado limitando la libertad de las mujeres coreanas desde los inicios de la dinastía Joseon (S.XIV-S.XIX), marcando así el comienzo del movimiento feminista coreano, también conocido como el movimiento de la “mujer nueva” (신여성 [Sinyeoseong], 新女性).

Hoy en día se dice que las mujeres son seres humanos igual que los hombres y que, como tales, las mujeres pueden hacer cualquier cosa. Al igual que los hombres, las mujeres pueden ganar dinero y ocupar cargos públicos. ¡Ha llegado el momento de que las mujeres hagan todo lo que hacen los hombres!

Na Hye-seok, Gyeong-hee (1918)

Algunos alegaban que estas “nuevas mujeres” eran un pernicioso grupo de mujeres frívolas que estaban meramente interesadas en las últimas tendencias de moda, pero en realidad eran mujeres que, como la protagonista de la historia, querían cultivarse y romper de una vez por todas dicha cadena. Y es que como dice la protagonista, “antes que una mujer sea esposa, hija y madre, es un SER HUMANO”. ¿Y qué hace que un ser humano sea único? ¿Qué diferencia a los seres humanos de otros seres vivos?: La educación, el conocimiento y la iniciativa. Por lo que, todas las mujeres, al igual que los hombres, siempre deberían de haber tenido la oportunidad de intentar valerse por sí mismas, educarse y aspirar a algo más que ser una buena madre, hija y ama de casa.

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